Estética coquette: entre la feminidad dulce y la rebeldía silenciosa
En los últimos meses, TikTok, Instagram y Pinterest se han inundado de lazos, encajes, tonos pastel, perlas, flores bordadas y labios rojos con rubor marcado. Es el universo de la estética coquette, una corriente visual que mezcla la dulzura hiperrromántica con una energía de empoderamiento personal que, aunque sutil, no es menos poderosa. Pero ¿qué hay realmente detrás de esta tendencia? ¿Es solo una fase bonita o algo más profundo?
El término coquette viene del francés y hace referencia a la coquetería, al arte de seducir con delicadeza y cierto juego. Y aunque la palabra puede sonar anticuada o incluso limitada a una mirada masculina, la estética coquette en redes ha sido resignificada por una nueva generación que la usa para redefinir la feminidad a su manera. Aquí, la blusa de encaje y el corsé no son símbolos de fragilidad, sino piezas de poder.
A diferencia de otras corrientes estéticas como el clean girl o el minimalismo nórdico, lo coquette no busca la perfección pulida ni el maquillaje invisible. Al contrario: celebra el gesto teatral, la emoción visual y lo clásico reinterpretado. Es el estilo de alguien que viste como heroína de una novela de Jane Austen, pero sube stories con filtros brillantes, playlist de Lana del Rey y una taza de té en la mano.
Detrás de esta estética hay también una nostalgia estética por tiempos que nunca vivimos: las cintas en el cabello, los vestidos vaporosos, los diarios escritos a mano, los espejos con marco dorado, los perfumes florales. Pero lo más interesante es cómo estas imágenes conviven con una actitud contemporánea: una feminidad que no pide permiso, que no se disculpa por ser excesiva, emocional o dramática.
Algunos la critican por ser poco práctica o incluso regresiva. Pero quienes la encarnan la viven como una performance personal, un espacio seguro para reconectar con la belleza, el detalle y la fantasía. En un mundo que exige dureza, eficiencia y velocidad, elegir vestirse como una muñeca romántica puede ser un gesto radical. No para complacer a nadie, sino como declaración de gusto y sensibilidad.
La estética coquette también tiene una cara más crítica: ¿hasta qué punto estas imágenes reproducen cánones de belleza tradicionales? ¿Dónde queda la diversidad de cuerpos, razas y géneros en este universo idealizado? Son preguntas necesarias. Pero también es justo reconocer que muchas de las personas que la adoptan lo hacen desde un deseo auténtico de jugar, explorar y disfrutar su imagen con libertad.
Porque al final, lo coquette no es solo una moda. Es una forma de decir: "puedo ser delicada y fuerte, dulce y crítica, suave y feroz". Y eso, en sí mismo, también es revolución.
